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- volver - EL DIA 6 DE ABRIL DE 2005, MARIANO NÚÑEZ HERNÁNDEZ, DE 40 AÑOS DE EDAD, APARECIÓ AHORCADO EN UNA CELDA DE LA PRISIÓN ESTADOUNIDESE DE "TERREL UNIT" Dicho acontecimiento pasó totalmente desapercibido para la opinión pública, ya que la muerte de un delincuente en una prisión (aunque sea un asesinato o un suicidio) no es un hecho que despierte la atención; además, por esas fechas se produjeron importantes acontecimientos mediáticos que centraron la atención de todo el mundo informativo, de tal modo que el fallecimiento de Mariano apenas ocupó un pequeño espacio en algunos periódicos locales. Tampoco tuvieron ninguna repercusión en su momento la detención, enjuiciamiento y condena de Mariano, ya que las autoridades de los países afectados por el delito cometido por Mariano procuraron mantener en secreto todo lo sucedido. Mariano nació en Santiago de Cuba, pero siendo muy pequeño, sus padres lograron escapar con él y sus dos hermanos del régimen de Fidel Castro y se instalaron en una pequeña localidad de Florida; allí, su padre Albino Núñez encontró trabajo como mecánico en un taller de vehículos y su madre Ángeles Hernández como camarera en una cafetería, y con muchos esfuerzos, lograron sacar a la familia adelante. Como muchos emigrantes hispanos, Mariano decidió labrar su futuro profesional en las fuerzas armadas estadounidenses, y al cumplir la edad mínima prevista, se enroló en el ejército de los EEUU, donde poco a poco fue adquiriendo mayor rango, hasta que en el año 1991 participó en la Guerra del Golfo al frente de una unidad de infantería. Al regresar a EEUU, y debido a los méritos obtenidos, se le destinó a una unidad especial dedicada a la protección de altas autoridades, y al poco tiempo, y como consecuencia de que durante la guerra había adquirido algunos rudimentarios conocimientos de árabe, se le destinó al servicio de escolta y vigilancia de los miembros de la familia del Sha de Persia que vivían exiliados en los EEUU. Y es como consecuencia de dicho trabajo que el protagonista de nuestra historia entró en relación con la ciudad de Barcelona. El 4 de octubre de 1997 tuvo lugar en nuestra ciudad un acontecimiento que fue objeto de la atención de gran parte de la opinión pública: la boda de la Infanta Cristina con Iñaki Urdangarín. A dicho enlace matrimonial acudieron como invitados varios miembros de las familias reales, entre los que se encontraban la princesa Farah Diba Pahkevi y sus hijos. Y entre los miembros del servicio se seguridad personal que acompañaron a la princesa iraní y a sus hijos se encontraba Mariano Núñez Hernández. Según la opinión unánime de todos los medios informativos la boda de Cristina e Iñaki resultó un gran éxito: la organización de los diferentes actos fue excelente, la ciudadanía respondió no produciéndose ningún altercado, y, además, y a pesar de que la boda se celebró en el mes de octubre, el clima acompañó ya que hizo un día casi veraniego. Pero en realidad no todo salió bien, pues ocurrió un lamentable incidente que las autoridades prefirieron guardar en secreto para no manchar la buena imagen que todo el mundo se llevó de la capacidad de la ciudad de la ciudad de Barcelona para organizar acontecimientos de esta magnitud. A medida que se desarrollaban los diversos actos del enlace matrimonial, las fuerzas de seguridad fueron recibiendo noticias de que algunos de los ilustres invitados a la boda habían echado a faltar algún efecto personal de cuantioso valor. La primera afectada fue la princesa Marta Luisa de Noruega, quien, al acabar la cena de gala celebrada en el Palacete Albéniz la noche antes de la boda, echó a faltar un colgante de oro blanco con incrustaciones de rubíes. Al día siguiente, fue el principe Rainiero de Monaco quien comentó al salir de la catedral de Barcelona que había perdido un reloj de oro y brillantes. Al llegar al Palau de Pedralbes donde se celebró el banquete nupcial la Gran Duquesa de Rusia se dio cuenta de que le faltaba el collar de perlas negras que llevaba, y durante el baile posterior al banquete Marie Chantal Miller echó a faltar un broche de brillantes y esmeraldas. En un principio, las fuerzas policiales pensaron que lo ocurrido con la princesa Marta Luisa y el Príncipe Rainiero debían ser pérdidas o extravíos accidentales. Pero cuando estos hechos se repitieron durante el banquete nupcial, empezó a cobrar cuerpo la teoría de que algún ladrón de guante blanco podía ser el responsable de todas estas desapariciones. Dado que era impensable que se pudiese someter a un cacheo a los ilustres invitados al banquete, la Policía empezó a trabajar rápidamente examinado con detalle las filmaciones registradas por las numerosas cámaras de seguridad instaladas en la catedral y en los demás lugares donde se celebraron actos relacionados con la boda, así como las grabaciones efectuadas por las diferentes cadenas de televisión. Esta tarea les llevó a los investigadores varias horas, aunque finalmente pudieron observar que Mariano había estado muy próximo a todas las víctimas poco antes de que éstas se dieran cuenta de que habían perdido alguna joya; para confirmar tales sospechas, volvieron a examinar todas las filmaciones centrando la atención en Mariano, y en una de ellas, concretamente en la grabación que hizo una cadena de televisión, se podía ver claramente como Mariano ayudaba a la Gran Duquesa de Rusia a bajar de uno de los autocares que trasladaron a los invitados desde la Catedral al Palau de Pedralbes, comprobando que si bien en ese momento la Gran Duquesa portaba un vistoso collar de brillantes, al cabo de pocos instantes aparecía sin el referido collar. Pero cuando se comprobó la casi segura intervención de Mariano en todos los robos, la familia real iraní y todo su séquito ya se encontraba volando hacia los EEUU. La Policía española se puso en contacto con el F.B.I. para comunicarle el resultado de las investigaciones. Los miembros del F.B.I. en un principio se mostraron reacios a creer que Mariano pudiese ser el autor de las sustracciones, pero al ver las pruebas que la Policía española le remitió a través de internet, decidieron detener a Mariano en el momento de llegar a Nueva York. Sin embargo, ni en poder de Mariano ni en su equipaje se encontraron las joyas robadas. Lo único destacable que encontró el F.B.I. fue una llave que, según los expertos, era similar a las que usan en las cajas de seguridad de los bancos. También se encontraron restos de tierra debajo de las uñas de Mariano. A pesar de las pruebas existentes en su contra, y pese a que se le ofreció un trato favorable si retornaba los efectos sustraídos, Mariano en ningún momento reconoció haber sido el autor de las sustracciones ni facilitó, en consecuencia, ningún detalle acerca del destino que había dado a las joyas robadas. Se produjeron diversas negociaciones entre las autoridades de EEUU, de España y de los países de las víctimas, ya que todos estos países alegaban ser los competentes para juzgar a Mariano. Sin embargo, EEUU se negó a conceder cualquier tipo de extradición alegando que Mariano pertenecía a sus fuerzas armadas, pero, a cambio, y ante las presiones de los demás países, se comprometió a aplicar la penalidad más severa. Finalmente, Mariano fue juzgado en los EEUU y fue condenado a 8 años de prisión. Durante la estancia en la prisión, se controlaron las pocas visitas que recibió Mariano, así como su correspondencia, pero no se encontró ninguna pista indicativa del paradero del botín. La Policía barajó varias posibilidades al respecto, llegando a la conclusión que lo más probable es que Mariano hubiera entregado el botín en Barcelona a un cómplice antes de regresar a EEUU, aunque tampoco descartó la posibilidad de que Mariano hubiera depositado las joyas en un banco o que las hubiera escondido en algún otro lugar de Barcelona, o incluso que las hubiera enviado por correo o algún servicio de mensajería a cualquier otro lugar fuera de la ciudad. Lo cierto es que, a medida que fue pasando el tiempo, el asunto se fue olvidando y la Policía perdió toda esperanza de recuperar las joyas. Sin embargo, el fallecimiento de Mariano volvió a abrir el caso. En un principio la Policía barajó la posibilidad de que Mariano hubiese sido asesinado por algún otro recluso, pero al examinar los efectos de Mariano encontraron unas notas manuscritas en las que Mariano explicaba las razones por las que había decidido quitarse la vida y en las que reconocía plenamente haber sido el autor de los robos y que había escondido las joyas en un lugar de Barcelona. Además, entre dichas notas, Mariano dejó un texto en el que de forma enigmática daba una serie de pistas acerca del lugar en donde había escondido las joyas. - volver - |