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- volver - El domingo 5 de octubre de 1997 salí del hotel a primera hora de la mañana llevando las joyas conmigo dentro de una mochila. El avión no salía hasta las 5 de la tarde, así que disponía de varias horas para decidir qué hacía con las joyas Me había pasado toda la noche pensando en qué hacer con las joyas, y finalmente llegué a la conclusión que, ante la imposibilidad de dejarlas en la caja de seguridad de un banco, y dado que no conocía a nadie en Barcelona a quien se las pudiese confiar, lo mejor era esconderlas en algún lugar de la ciudad. No podía llevármelas conmigo a los EEUU porque, aunque la Policía aún no fuera tras mi pista, no podía descartar que al llegar a los EEUU me revisasen el equipaje. No podía venderlas en una casa de compraventa de joyas, dado que me exigirían la documentación, y tampoco tenía tiempo suficiente para encontrar algún comprador en el mercado negro que me ofreciera seguridad y un buen precio. Tampoco podía arriesgarme a enviarlas a EEUU o algún otro lugar por Correos o a través de una empresa de mensajería, dado que las joyas tenían un valor demasiado alto como para correr el riesgo de que se pudieran extraviar. Así que me puse a pasear por la ciudad sin rumbo fijo, prestando atención a todos los lugares por los que pasaba en busca del lugar idóneo donde esconder las joyas. Después de cuatro horas de caminata había encontrado varios lugares que seguramente eran buenos escondites, pero ninguno de ellos me satisfacía plenamente. Mi intuición me decía que tenía que seguir buscando. No obstante, se me estaba haciendo tarde y tenía que regresar al hotel para salir rumbo al aeropuerto. Así, que, como estaba algo cansado después de caminar tanto rato, pensó que lo mejor sería descansar un rato y decidirme por alguno de los lugares que había seleccionado. Entré en un recinto ideal para descansar, pero como había más gente de lo habitual, me fui a un lugar apartado para poder meditar con más tranquilidad. Y entonces vi algo que me llamó la atención, ya que si bien se trataba de un objeto cotidiano, su forma y diseño eran ciertamente originales. Entonces me di cuenta de que, en cierta forma, eso era lo que estaba buscando desde un principio. Quise averiguar más cosas de ese objeto pero ninguna de las personas que había por allí me pudo dar ninguna información, hasta que una persona que parecía trabajar en el recinto me dio algunos datos. Al conocer más detalles de esa obra, me convencí de que había dado con el escondite idóneo, pues aunque objetivamente no se trataba de un lugar más seguro que los demás, lo cierto es que esa obra reunía una serie de características que interpreté como una señal de que se trataba del lugar idóneo. Así que, aprovechando un momento en que no había nadie por los alrededores, saqué las joyas de la mochila, y las escondí debajo de esa obra. El objeto en cuestión había sido creado muchos años atrás por un arquitecto nacido en un país al que siempre he tenido mucha simpatía, a pesar de no haber estado nunca en él. Este país tiene algo en común con CROACIA y TURQUIA, tiene algo en común con CHAD y ANDORRA, tiene algo en común con LITUANIA y EGIPTO, y tiene algo en común con LÍBANO y SENEGAL. Si bien este arquitecto fue muy conocido en su país (donde, entre otras obras, proyectó la Opera de una sus ciudades más importantes), lo cierto es que en Barcelona trabajó muy poco. De hecho, el único edificio importante que realizó en nuestra ciudad fue demolido a los pocos meses de su construcción, aunque sin embargo se salvara del mismo el objeto donde escondí las joyas. No os ha de extrañar que el edificio proyectado por este arquitecto se destruyera, ya que también se demolieron todos los demás edificios creados con la misma finalidad por otros arquitectos extranjeros. Y eso que entre estos edificios se encontraba uno que, con el tiempo, se ha convertido en una de las joyas de la arquitectura mundial (hasta el punto de que más de medio siglo después se decidió reconstruirlo, siendo en la actualidad uno de los edificios emblemáticos de Barcelona). Tras esconder las joyas debajo del lugar indicado, salí del recinto donde estaba ubicada dicha obra, y me dirigí hacia el hotel. Sin embargo, y aunque este recinto es un lugar muy conocido de la ciudad, incluso para mí, antes de volver al hotel presté atención a su emplazamiento y a los edificios y construcciones que lo rodeaban. Concretamente, su dirección tiene que ver con uno de los ocho de la novia y con la duración de la revolución de nuestro vecino más pequeño. A uno y otro lado de este recinto hay dos edificios que sirven a los mismos fines y que son obra de los mismos arquitectos. Y al otro lado de la calle, hay un monumento que, en la época en que escondí las joyas, ya había perdido alguna de sus señas de identidad, pero que años después perdió otro de sus elementos, hasta el punto de que recientemente se ha planeado destruirlo definitivamente y construir otro en su lugar. Es un lugar fácilmente accesible por varios medios de transporte. Incluso tiene una parada de Metro muy cercana que podréis adivinar si colocáis bien estas otras estaciones CAMPDELARPA DRASSANES VILAPICINA SAGRERA URGELL. - volver - |