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DIARIO DE JÓZSEF GERGELY

(hemos traducido el texto del francés y hemos adecentado un poco la redacción a veces un poco confusa empleada por József Gergely para hacerlo más comprensible, esperando que con ello no hayamos distorsionado algún elemento del relato)

DIA 3 DE DICIEMBRE DE 1999 – CLERMONT-FERRAND

Sólo queda una semana para mi viaje a Barcelona. Será mi primer viaje al extranjero desde que llegué a Francia ya hace 43 años. Hoy me he comprado los billetes de autobús (saldré para Barcelona en la madrugada del próximo jueves día 9 de diciembre y estaré de regreso a Clermont-Ferrand a primera hora de la mañana del miércoles 15 de diciembre) y hoy también he reservado la habitación en una humilde pensión del barrio del Raval. Estoy muy contento de haberme decidido a hacer este viaje, ya que, aunque mi situación económica es muy precaria, mi salud empieza a resentirse y presiento que si no hago este viaje ahora, ya no lo podré hacer más adelante. Siempre me ha atraído mucho conocer Barcelona, sobre todo a partir de los Juegos Olímpicos de 1992, y especialmente por todo lo que me contó S después de haber pasado varios semanas en dicha ciudad, en donde estuvo con su grupo artístico realizando una de sus particulares obras.. Precisamente la guía de Barcelona que voy a utilizar en mi viaje me la ha proporcionado S, quien tuvo del detalle de venir expresamente desde Lyon para entregármela cuando le comuniqué que al final me había decidido a hacer el viaje. De todos modos, lo que me ha convencido a hacer este viaje es que me he enterado a través de una de las asociaciones científicas de las que formo parte que el día 10 de diciembre de 1999 tendrá lugar en Barcelona un acto conmemorativo de los muchos que en los últimos años se están haciendo en España y en Francia para celebrar el bicentenario de un particular acontecimiento. Así que pienso dedicar mi estancia en Barcelona tanto a conocer a fondo la ciudad como a visitar personalmente todos los lugares en los que P realizó sus experimentos. Y también pienso aprovechar el viaje para dejar enterrada en Barcelona una “cápsula del tiempo”. Hasta ahora las cápsulas que he enterrado están en diversas ciudades de Francia, y, aunque mi deseo sería enterrar alguna en Hungría, me hace especial ilusión aprovechar el viaje a Barcelona para enterrar alguna cápsula fuera de mi país de adopción.

JUEVES 9 DE DICIEMBRE DE 1999, 23:00 HORAS - BARCELONA

He llegado a Barcelona a media mañana después de haber pasado la noche en el autocar. El viaje ha sido bastante cansado, ya que aunque la distancia entre Clermont-Ferrand y Barcelona no es muy larga, nos hemos detenido en varias ciudades para dejar y recoger pasajeros, y cada parada se ha alargado más de lo necesario. Apenas he podido dormir durante el viaje, ya que cogí el autocar en Clermont-Ferradn en plena madrugada, y debido a las constantes paradas, no he podido conciliar el sueño.

La entrada en Barcelona me ha parecido emocionante,`pues aunque hemos pasado por unos barrios no muy atractivos, me ha sorprendido gratamente haber circulado bastante rato por una de las calles que más ganas tenía de conocer debido a su significado simbólico. Después de llegar a la estación de autobuses, he ido caminando hasta la pensión, que está situada en la calle Hospital. Ha sido un trayecto algo largo, pero mi intención, siempre que sea posible, es realizar todos los trayectos a pie, ya que, además de que mi presupuesto es muy limitado, creo que ésta es la mejor manera de ver la ciudad y descubrir sus múltiples lugares recónditos. Como estaba realmente cansado, me he tumbado en la cama con la intención de descansar un par de horas, pero no más, ya que quiero aprovechar al máximo mi estancia en la ciudad, pero el cansancio me ha vencido y me he quedado dormido, y no me he despertado hasta media tarde.

Tras ese descanso he salido a dar una vuelta por los alrededores. Mis pasos me han llevado hasta la catedral. Aunque mi inicial intención no era visitarla hasta mañana (día en que tengo previsto acudir a todos los lugares en los que P hizo sus experimentos) me he adentrado en el templo. Mi deseo era visitar el terrado, pero el conserje de la catedral me ha dicho que sólo estaba abierto para los visitantes en ocasiones especiales. Le he insistido en que tenía un especial interés en subir hasta las torres, y hasta le he explicado el motivo, y al final he logrado convencerle. Se daba la circunstancia de que faltaba muy poco para la hora de cierre de la catedral, y el conserje tenía que hacer una visita rutinaria de control por todo el templo, así que me ha permitido acompañarle en su recorrido, que ha incluido subir con él hasta el terrado. Aunque ya había oscurecido, la vista desde el tejado de la catedral es magnífica, pero lo que más me ha emocionado ha sido pensar que P estuvo hace dos siglos en el mismo lugar y que desde aquí hizo alguna de las mediciones que pasaron a la historia. El estruendo del reloj de la catedral me ha despertado de la ensoñación, y ha hecho apresurar al conserje, pues la hora que marcaba el reloj era la de cierre de la catedral. Antes le he pedido que me hiciera una foto junto a uno de los campanarios, que me temo que va a salir mal por la falta de luz.

Después de abandonar la catedral he dedicado el resto de mi primer día en Barcelona a callejear sin rumbo fijo por toda la parte antigua de la ciudad, y me ha sorprendido los innumerables lugares interesantes (iglesias, palacios, fuentes, monumentos, etc.) con los que me he tropezado

VIERNES 10 DE DICIEMBRE DE 1999, 23 HORAS - BARCELONA

Hoy me he levantado muy pronto. A las seis de la mañana ya estaba en pie, y bien fresco, ya que como ayer dormí unas horas por la tarde, las pocas horas que he dormido esta noche han sido suficientes. Hoy tenía previsto visitar todos los lugares que permanecen en pie desde los que P hizo sus experimentos, excluyendo la catedral, que ya la visité ayer, y con especial atención en el edificio el puerto, ya que según mis noticias, al mediodía se iba a colocar allí una placa conmemorativa.

Como disponía de tiempo suficiente, he decidido comenzar por el lugar más alejado, llevando conmigo sólo la guía que me ha prestado S, mi cámara de fotos, y una petaca llena de JB. Me ha costado llegar (ya que, cumpliendo mis propósitos, he ido andando hasta allí) pero el paseo ha sido fantástico, ya que las vistas de la ciudad y del mar eran magníficas, y durante el trayecto he pasado por muchos sitios interesantes. Una vez en el lugar me ha embargado la misma emoción que en la catedral. He corroborado que la conmemoración del bicentenario ya se viene haciendo desde hace años, pues en la torre principal había una placa conmemorativa que había sido colocada en el año 1993

Luego he bajado hasta el puerto y me he dirigido al edificio que considero más emblemático de todos los relacionados con el acontecimiento científico. Este es el lugar donde, según me habían dicho, hoy se tenía que haber colocado la placa conmemorativa. Pero debe haber habido una confusión con relación a la hora en que tenía entendido que se iba a desarrollar el acto, ya que cuando he llegado no había nadie en el lugar y he visto que ya estaba colocada la placa con la fecha 10 de diciembre de 1999. Me he estado un buen rato contemplando el edificio, no sólo por su valor histórico, sino también por el monumento en sí. Con el transcurso de los años, dicho edificio ha dejado de servir para la finalidad para la que se creó, pero se le ha dotado de otra finalidad que me ha resultado particularmente interesante. De todos modos, lo que más me ha llamado la atención de este antiguo edificio es su ubicación, ya que dudo mucho que los barceloneses sepan que el urbanista IC tuvo en cuenta la localización de este monumento a la hora de ubicar dos de las principales calles de la ciudad, calles que, por otro lado, están relacionadas de algún modo con el experimento científico en cuestión. He pensado que este sería un lugar idóneo para enterrar la cápsula del tiempo, pero ello es materialmente imposible, ya que no se me ocurre cómo podría levantar el asfalto.

No he podido resistirme al encanto del mar. En toda mi vida sólo he visto el mar en un par de ocasiones. Así que, aunque el tiempo era desapacible, he dedicado el resto del día a callejear por la zona. Después de comer una paella acompañada de un vino catalán, he caminado por los muelles, he dado en paseo en las Golondrinas, y luego he subido al monumento a Colón. Sin duda este monumento, de haber existido hace dos siglos, hubiese sido una buena referencia para los experimentos de P. Luego he estado callejeando por la calles de la Barceloneta, y he caminado por el paseo marítimo hasta la Vila Olímpica. Me han llamado la atención multitud de sitios, pero destacaría una particular Rosa de los Vientos dibujada en el pavimento, una réplica de la creación de NM, una fuente dedicada a CA y un espectacular reloj de sol.

He acabado derrengado, y en contra de mis iniciales propósitos, he decidido volver a la pensión en metro.

SÁBADO 11 DE DICIEMBRE DE 1999, 23:30 HORAS - BARCELONA

He dedicado la mañana de hoy a visitar otros lugares relacionados con los experimentos de P, concretamente las que ya no siguen en pie. Primero he ido a ver el lugar donde estaba la fonda en la que se hospedó P cuando estuvo en Barcelona. Según cuentan las crónicas, P tuvo que culminar alguno de sus experimentos desde la azotea de esta fonda, ya que era difícil acceder a la torre desde la que había efectuado otras mediciones debido a la situación bélica en la que se encontraba la ciudad. La fonda ya no existe, pero cuando me dirigía hacia el lugar he visto un pasaje que me ha llamado poderosamente la atención, ya que no he visto nada en dicho pasaje que justificase el nombre del mismo. Obviamente, me he interesado por el tema, y he entrado en varios establecimientos del pasaje para preguntar el motivo por el que el pasaje se llamaba de esa manera, y en uno de ellos me han informado que en tiempos remotos hubo allí un original objeto que dio nombre al lugar y que era la admiración de todos los que pasaban. Naturalmente mi curiosidad ha ido en aumento, y he decidido posponer momentáneamente mi visita al Parc de la Ciutadella con el fin de entrar previamente en un cybercafé para averiguar más cosas al respecto. Mientras saboreaba una fresca cerveza he estado navegando por internet en busca de información sobre ese pasaje y sobre ese objeto al parecer extraordinario. Y mi investigación me ha llevado hasta un personaje (suizo tenía que ser) del que extrañamente yo hasta entonces no había oído hablar pese a sus coincidencias conmigo. Aunque su obra más significativa está en el Congreso de los Diputados de Madrid, y aunque el objeto del pasaje ha desaparecido, según la información que he encontrado se pueden contemplar varias obras de AB en diferentes puntos de Barcelona. Como dos de ellas estaban relativamente cerca del lugar donde me encontraba, me he apresurado a ir a verlas, dejando para mañana el edificio donde estuvo instalada otra de sus creaciones, edificio que, casualmente, y por las fotos que he visto, guarda cierta semejanza con el edificio del puerto que visité ayer. Primeramente he vuelto a la catedral pero esta vez no he conseguido acceder al lugar que me interesaba, así que he salido del templo y me he dirigido a contemplar la gran obra de AB. El objeto en cuestión me ha fascinado enormemente (no me extraña que AB hubiera tardado tanto en crearlo, pero al parecer esta fue la razón de que el objeto se quedase en Barcelona en lugar de ir a la institución que le había encargado la construcción del mismo).

Después de pasarme casi una hora contemplando dicho objeto, me he dirigido al Parc de la Ciutadella para finalizar con las visitas relacionadas con los experimentos de P. He ido caminando hasta allí, y he aprovechado el trayecto para visitar el interior de iglesias y otros edificios en los que el primer día de mi estancia en Bacelona no pude entrar por ya haber cerrado. El lugar del parque desde donde P hizo algunas de las mediciones ya no está en pie, pero la visita al Parc de la Ciutadella ha valido la pena, ya que contiene multitud de edificios, esculturas y lugares interesantísimos. Tras la visita del Parc de la Ciutadella he regresado caminando a la pensión, procurando pasar por calles y plazas que aún no hubiera visitado.

El balance de estos primeros días en Barcelona es muy positivo. Ya he visitado todos los lugares relacionados con los experimentos de P, y sin apenas desviarme de mi principal objetivo, también he recorrido toda la zona baja de la ciudad.

DOMINGO 12 DE DICIEMBRE DE 1999, 23:00 horas - BARCELONA

Hoy era el día que tenía destinado a visitar las obras más importantes de AG y otros monumentos de interés alejados del centro de la ciudad, pero antes que nada quería visitar el edificio que había acogido otro de los objetos creados por de AB. A pesar de que la distancia desde la pensión era considerable, he decidido ir andando para así seguir descubriendo más rincones de esta fascinante ciudad. He ido subiendo por diferentes calles de l’Eixample para apreciar los diferentes monumentos modernistas, aunque lo que particularmente más me ha llamado la atención es una iglesia que hay en la confluencia de la calle Balmes con València, ya que uno de sus elementos presenta grandes coincidencias con el edificio del puerto y con el edificio al que me dirigía. También he descubierto casualmente durante el paseo un monumento dedicado a NM, del que anteayer había visitado la réplica de su obra.

Finalmente he llegado a mi lugar de destino, lo que me llevado más de dos horas, ya que he ido dando rodeos para no perderme ningún lugar de interés. En mi guía no hay ninguna mención del edificio en cuestión, pero he conseguido diversa información gracias a los ciudadanos que había por la zona. Se trata de un monumento que ha tenido mucha importancia en la historia del barrio, y que, pese a sus características, no se trata de un edificio de carácter religioso. Incluso me han comentado que su creador, para evidenciar que no tenía tal carácter, esculpió en él los símbolos de los doce signos del zodíaco. Lo que más me ha sorprendido cuando me han contado la historia del monumento es el protagonismo que tuvo uno de sus elementos, ya que el mismo se llamaba como mi madre. Este edificio está en una vía pública que lleva el nombre de un personaje, que, por lo que me han dicho, se trata de un antiguo alcalde de Barcelona. Debió ser un alcalde importante porque he visto en mi guía que también tiene dedicada una avenida en otra parte de la ciudad, así como una calle en un sitio muy peculiar. Curiosamente los apellidos del arquitecto que construyó dicho edificio tienen las mismas iniciales que dicho alcalde. He comprobado en mi guía que este arquitecto da nombre a una plaza cercana, así que, después de contemplar nuevamente el edificio y de lamentar que no pudiese entrar en él, me he dirigido a esta otra plaza. Durante el trayecto he descubierto otros monumentos y lugares interesantes, entre ellos una escultura consistente en un reloj de sol con los doce signos del zodíaco. Como aficionado a la astronomía me atrae todo lo relacionado con las constelaciones y el mundo del zodíaco, pero precisamente por mi mentalidad científica no creo en los horóscopos. Aunque es posible que mi rechazo a creer en la astrología se deba al hecho de que realmente no sé bajo qué signo del zodiaco nací, ya que mi fecha de nacimiento se encuentra justo en el límite de los signos de géminis y cáncer: según los libros que en su momento consulté, podría ser géminis o cáncer dependiendo de la hora en que hubiese nacido, pero este extremo lo desconozco ya que nunca se me ocurrió preguntar sobre ello a mis padres. Lo que más me ha gustado de la plaza dedicada a este arquitecto es que en la misma existe una estatua suya a tamaño natural, en la que dicho personaje aparece contemplando una de sus obras más significativas. Esta obra ganó el concurso al que se presentó, pero las autoridades prefirieron el proyecto de IC, que es el que finalmente se llevó a cabo aunque con algunas modificaciones.

Como el barrio en el que me he encontraba me ha gustado mucho, he decidido cambiar de planes (la visita al Parc Güell la debería dejar para mañana) y he preferido seguir callejeando por el barrio, donde he descubierto multitud de rincones que me han llamado la atención. Me he detenido a comer en una pintoresca tasca situada en una bonita plaza, donde he saboreado un plato típico catalán acompañado de sangría, y seguidamente he iniciado una larga caminata, primero hasta el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, y luego hasta la Sagrada Familia. La gran obra de AG es realmente espectacular, pero me temo que he escogido un mal día para visitarla, ya que, como era domingo, había muchos turistas guardando cola para acceder a su interior, así que me he limitado a contemplar el monumento por fuera.

Posteriormente me he acercado a la obra en la que colaboró S. Particularmente, esta obra me ha parecido muy original, pero los barceloneses no deben pensar lo mismo pues no sólo no había nadie contemplándola, sino que ni siquiera he podido encontrar alguna placa o cartel con información acerca de la misma. La obra es similar a algunas que he visto en Francia de los mismos artistas, pero se asemeja sobre todo a la que actualmente están haciendo en Québec, y de la cual S me mostró unos bocetos la última vez que estuvo en Clermont-Ferrand. He estado contemplándola desde un parque próximo, rodeado de mucho tráfico, y tratando de imaginar quienes serían los personajes que aparecían en esa obra, lo que a medida que pasaba el tiempo se iba haciendo más difícil, ya que empezaba a oscurecer y no había ninguna iluminación especial en la obra. S me había dicho que se trataba de personajes conocidos de la vida barcelonesa, pero los únicos que he creído identificar eran un pintor francés y un cantante americano. Me he decidido a entrar en un bar cercano en busca de más información, y al final un camarero muy amable me ha proporcionado la ayuda que buscaba: me ha dicho que, efectivamente, las personas representadas en la obra eran personajes famosos de la vida barcelonesa, y me ha dado detalles de todos ellos. La mayoría eran políticos –entre ellos el alcalde que daba nombre a la plaza en que había estado por la mañana- pero también había otros personajes populares del mundo del arte y del espectáculo, entre los que no faltaban algunos de los que ya he nombrado en este diario, como IC, AG, NM o CA.

Como me quedaba relativamente cerca, me he acercado a una gran plaza donde se encuentra el único monumento propiamente dicho que se ha erigido para conmemorar el bicentenario del experimento científico que me ha traído a Barcelona. Allí me he hecho otra foto que pienso meter en la cápsula del tiempo. Por cierto, este lugar era idóneo para enterrar la cápsula (era una zona de tierra y no había nadie junto al monumento), pero no la llevaba conmigo. Después de dar una vuelta por la zona (el barrio no me ha resultado tan atractivo como el que había visitado por la mañana, pero había algún monumento que valía la pena) he regresado a la pensión. Nuevamente he cogido el metro ya que estaba cansado de tanto caminar. Antes de subir a la habitación he cenado algo en un restaurante paquistaní, donde he probado un extraño licor que me ha gustado mucho.

Mañana será el último día entero que pasaré en la ciudad, y voy a dedicarlo a visitar los lugares más emblemáticos que me faltan. Esta vez utilizaré el transporte público ya que tengo que ir a lugares algo alejados y no quiero perder el tiempo desplazándome a pie a todos los sitios. Y de paso iré decidiéndome acerca del lugar donde enterrar la cápsula del tiempo.

LUNES 13 DE DICIEMBRE DE 1999, 23:30 horas - BARCELONA

Hoy ha sido un día bastante relajado comparándolo con los anteriores ya que casi todos los trayectos los he hecho en transporte público. Pero ha sido un día muy fructífero ya que he visitado lugares tan dispares y alejados entre sí como el Palau de Pedralbes, el campo del Barça, el Tibidabo, el Parc Güell y le laberinto de Horta, y por la tarde he regresado a la montaña de Montjuic donde he visitado el Poble Espanyol y diversos monumentos de la Exposicion de 1929, así como las instalaciones olímpicas. Mientras visitaba todos estos lugares, he estado cavilando donde debería enterrar la cápsula del tiempo, pero aún no me he decidido, ya que no me gustaría enterrarla en cualquier lugar, sino que preferiría hacerlo en algún sitio que tenga algún contenido simbólico, ya sea relacionado con P o con los experimentos que hizo en Barcelona, o ya sea relacionado con cualquier monumento o personaje de Barcelona que, por algún u otro motivo, me haya llamado la atención. Por eso, antes de regresar a la pensión, he estado un par de horas en un cybercafé recopilando datos sobre los diferentes lugares en los que he estado durante mi estancia en Barcelona y sobre los personajes que han dejado más impronta en la ciudad, así como las calles, plazas, estatuas, fuentes y monumentos dedicados a estos personajes, todo ello para ver si encontraba algún lugar que, por algún motivo u otro, considerase adecuado para enterrar la cápsula del tiempo.

DIA 14 DE DICIEMBRE DE 1999 (martes) 21:00 horas AUTOCAR BARCELONA-CLERMONT-FERRAND

Escribo estas notas desde el autocar que me lleva de regreso a casa. Hoy me he levantado bien pronto porque quería aprovechar mis últimas horas en esta fascinante ciudad, y porque, pese a mis investigaciones de la noche anterior, aun no había decidido el lugar donde enterrar mi cápsula del tiempo. Lo primero que he hecho ha sido acudir a un establecimiento de revelado rápido para revelar las muchas fotografías que había hecho durante el viaje, ya que tenía intención de introducir algunas en la cápsula del tiempo. Además de las fotografías, metí en la cápsula unas monedas españolas y francesas, un billete del metro de Barcelona, y unos sellos que me he traído de casa que representan un personaje que de algún modo también está relacionado con el experimento científico cuyo bicentenario se celebra ahora.

La noche anterior había seleccionado mentalmente muchos lugares que, por uno u otro motivo, me gustarían que acogieran mi cápsula del tiempo, pero la mayoría de ellos no eran adecuados ya que, lógicamente, tenía que buscar un sitio en el que materialmente pudiese enterrar la cápsula. Así que, con toda la información que había recopilado, y provisto únicamente de la cápsula, la guía de Barcelona, y mi petaca, decidí agotar mis últimas horas en Barcelona paseando por sus parques y jardines.

En uno de estos paseos he encontrado un espacio que parecía abandonado, o que, a lo mejor, simplemente estaba cerrado por la época del año en que nos encontrábamos, El caso es que estaba vacío de gente, lo que era ideal para mi propósito de realizar una pequeña excavación. Así que me he adentrado en este lugar, y he empezado a inspeccionarlo, cuando, de repente, he visto desde lejos algo que me ha llamado la atención. Desde esa distancia me pareció una imagen religiosa, pero al acercarme he comprobado que no. En realidad era un monumento dedicado a uno de los personajes barceloneses sobre los que la noche anterior había estado investigando. Y precisamente este personaje era uno de los que más me había llamado la atención cuando ayer noche estuve cavilando sobre el tema, ya que existe un enorme paralelismo entre él y mi persona, hasta el punto que incluso el acontecimiento histórico que marcó mi vida también tuvo cierta influencia negativa en él (pues posiblemente le privó de pasar a la historia con más laureles). Además, ya me había tropezado con este personaje en varias ocasiones a lo largo de mi visita por la ciudad, ya que el domingo pasé por la casa donde había nacido, y ayer pasé casualmente por la calle que tiene dedicada, y además lo había visto representado en una obra, en la que ocupaba un lugar preeminente. Decidí que esta era el lugar idóneo para enterrar la cápsula. Saboreé un trago de whisky, y convencido de que esta ere el lugar ideal para mis propósitos, me puse manos a la obra.

Después de enterrar la cápsula, regresé a la pensión a buscar el equipaje, y me dirigí a la estación de autobuses para coger el autocar que me iba a llevar de regreso a casa.

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