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- volver - CARTA DE ÓSCAR VALDECASAS Me llamo Óscar Valdecasas, tengo 28 años y vivo en Barcelona. Mis padres fallecieron en un accidente de aviación, pero eso ocurrió cuando yo era muy pequeño y no tengo recuerdos de esa desgracia. Salvo este penoso incidente, mi vida ha sido muy cómoda y placentera ya que nací en el seno de una familia muy acomodada, y, además, cuando murieron mis padres, se hizo cargo de mi un multimillonario amigo de la familia, llamado Horacio Gratacós. Durante mi adolescencia, Horacio trató de inculcarme que estudiara y que me labrara un futuro, pero no le hice el más mínimo caso, pues era consciente de que no tenía ninguna necesidad de estudiar entonces ni de trabajar en el futuro, ya que con la enorme herencia que me habían dejado mis padres, de la que podría disponer cuando cumpliera los 18 años, podría disfrutar el resto de mi vida sin dar ni golpe. Así que, al cumplir la mayoría de edad, me independicé de Horacio, y me instalé en uno de los pisos que mis padres tenían en Pedralbes. Dejé definitivamente los estudios, y empecé a patearme la herencia familiar con viajes, fiestas, grandes coches, mujeres, etc. Nunca he trabajado. Lo único que he tratado de hacer para conseguir algunos ingresos ha sido invertir en algunos negocios, aunque he de admitir que todos ellos me han salido mal, supongo que por no haber puesto el suficiente interés en ellos. Así que, a medida que han ido pasando los años, he tenido que ir vendiendo algunas de las propiedades de la familia para poder seguir manteniendo este tren de vida lleno de lujos y comodidades. Durante todo este periodo Horacio ha insistido en que cambiara de modo de vida, advirtiéndome que, si no me ponía a estudiar o a trabajar, nunca me prestaría ningún tipo de ayuda económica, llegándome incluso a decir que tenía pensado borrarme de su testamento si no le hacía caso. La verdad es que, aunque Horacio era soltero y no tenía hijos ni ningún pariente cercano, nunca me preocupé de a quien iba a dejar toda su fortuna, ya que siempre pensé que con el patrimonio que me habían dejado mis padres, y con algún que otro negocio e inversión, tendría dinero suficiente para vivir holgadamente y sin preocupaciones. Además en el fondo pensaba que Horacio no se atrevería a dejarme sin nada, aunque sólo fuese por la gran amistad que tenía con mis padres. El caso es que mi situación económica ha ido empeorando a medida que han pasado los años. Aparte de los ruinosos negocios en que me he embarcado, últimamente he tenido problemas con el juego, y, para olvidarlos, me he refugiado en las drogas. He tenido que hipotecar el lujoso piso donde vivo para poder hacer frente a mis deudas, pero las rentas que produce mi patrimonio no alcanzan para pagar las cuotas mensuales de la hipoteca, y a medida que van pasando los meses la cuantiosa herencia que me dejaron mis padres va extinguiéndose rápidamente. Ante la gravedad de la situación, tuve que recurrir a Horacio, a quien prácticamente tenía abandonado a pesar de que me habían llegado noticias de que su salud estaba empeorando. Pero Horacio se mantuvo firme en su postura, y tal y como me había advertido, se negó tajantemente a darme dinero. Pero eso no fue lo peor. Horacio no sólo se negó a ayudarme, sino que además, y cumpliendo las amenazas que me había hecho, aprovechó la visita que le hice para decirme que no pensaba dejarme ni un duro en su testamento. Yo no me creí las palabras de Horacio, pero el muy cabrón me llegó a mostrar la copia de un testamento que había hecho ante Notario, en el cual nombraba heredera universal de todos sus bienes a una prostituta ecuatoriana llamada Cindy Damneris con la que se había estado viendo en las últimas semanas. Maldije internamente al viejo y de la rabia que sentí hubiera sido capaz de matarle allí mismo, pero seguidamente Horacio me dijo que quería darme una última oportunidad. Me contó que había hecho otro testamento ológrafo, fechado con posterioridad al testamento notarial, en el que me nombraba heredero universal a mí, y que, en consecuencia, este segundo testamento dejaba sin efecto el anterior. El problema es que este segundo testamento no lo tenía Horacio en su poder ni lo había confiado a ningún Notario, sino que lo había escondido en algún lugar de Barcelona, advirtiéndome que el lugar donde lo había escondido no era seguro y que, si no lo encontraba pronto, podría desaparecer o ser encontrado por otra persona. La jugada del viejo era clara: debía ponerme en marcha inmediatamente para buscar el testamento, ya que si Horacio fallecía sin que yo pudiera aportar el segundo testamento, toda su fortuna iría a parar a Cindy Damneris. Y el plan de Horacio era ciertamente maquiavélico, ya que no me dijo donde había escondido el testamento, sino que sólo me dio una serie de pistas que, en principio, me parecieron indescifrables. Para resolver estas pistas tuve que dedicar horas interminables a consultar libros, a navegar por internet, a visitar museos, a preguntar en organismos oficiales, etc. Me vi obligado a abandonar completamente mis viajes, mi vida ociosa, mis partidas de golf y mis noches de juerga, ya que necesitaba dedicarme por completo a descifrar las pistas para poder averiguar el lugar donde Horacio había escondido el testamento. Yo, que en mi vida había cogido un libro ni me había interesado por la cultura, me vi obligado, por culpa del plan de Horacio, a convertirme en una rata de biblioteca y a adquirir unos conocimientos que, de modo voluntario, nunca habría adquirido. Finalmente tantos esfuerzos dieron sus frutos, ya que al cabo de unas semanas encontré el testamento, que estaba escondido en el doble techo del cuarto de ascensores del hotel NH FORUM. Horacio había dicho la verdad, ya que en este testamento me nombraba heredero universal a mí. Pero mi alegría fue momentánea, ya que cuando Horacio se enteró de que había encontrado el testamento, me citó en su despacho y me enseñó la copia de un nuevo testamento que acababa de hacer ante Notario, en el que dejaba todos sus bienes a Karolina, una prostituta rusa con la que había estado las últimas semanas. Y a continuación me indicó que, al igual que en el caso anterior, posteriormente había redactado otro testamento ológrafo en el que me nombraba heredero a mí, pero que dicho testamento lo había escondido en algún lugar de la ciudad de Barcelona, facilitándome sólo unas intrincadas pistas acerca de dicho lugar. Nuevamente tuve que dedicarme en cuerpo y alma a averiguar donde estaba el testamento, lo que me llevó varias semanas de encerrarme en bibliotecas y de visitar diferentes lugares de la ciudad, hasta que al final encontré el testamento escondido en el jardín de la casa Vicens de Antoni Gaudí Fue entonces cuando descubrí que el plan de Horacio no tenía fecha de caducidad, ya que nuevamente me enseñó la copia de un reciente testamento notarial en el que dejaba todos sus bienes a Alexandra, una prostituta brasileña, con la que se había estado viendo las últimas semanas, y nuevamente me indicó que había un posterior testamento ológrafo escondido en el que me dejaba todo a mí. Otra vez tuve que dedicar las semanas siguientes a intentar averiguar donde estaba escondido el testamento, lo que me obligó a consultar más libros y a hacer todo tipo de investigaciones. Creo que en estos últimos meses he adquirido más conocimientos que si hubiera estudiado una carrera universitaria. Finalmente encontré el testamento, que estaba escondido en la cisterna de uno de los lavabos de un cine de la Rambla Catalunya. Empecé a cansarme del jueguecito de Horacio, y sopesé la posibilidad de renunciar a seguir buscando nuevos testamentos. Pero mi situación económica era cada vez peor, y la fortuna de Horacio era muy cuantiosa como para despreciarla. Así que el pasado 20 de enero de 2006 asistí nuevamente a su despacho después de recibir una comunicación de que quería verme. En esta ocasión no hubo sorpresas. Una vez más me enseñó la copia de un testamento notarial (en el que la única sorpresa era que la prostituta beneficiaria de todos los bienes no era una extranjera, sino que era una española llamada Paquita Pons) y me facilitó las pistas que me permitirían averiguar el lugar donde había escondido el testamento ológrafo posterior en el que me dejaba toda su fortuna. Me dediqué nuevamente a la tarea de descifrar las pistas, cuando pocos días después ocurrió algo que internamente venía deseando desde hacía tiempo para poner fin a este juego: Horacio sufrió un infarto fulminante y falleció en el acto. Sin embargo, la muerte de Horacio no hizo sino acelerar los problemas, pues a los pocos días de su fallecimiento, el Notario que tenía en su poder el testamento que había hecho Horacio, se puso en contacto con Paquita para comunicarle que era la principal beneficiaria del mismo. Así pues, era imprescindible que yo encontrara cuanto antes el testamento posterior en que Horacio me nombraba heredero, no sólo por el peligro de que este testamento pudiera desaparecer, sino porque Paquita enseguida inició los trámites para entrar en posesión de la herencia de Horacio Supongo que fueron los nervios ocasionados por la urgente necesidad de encontrar el testamento, pero el caso es que han pasado más de dos semanas desde la muerte de Horacio y hasta el momento he sido incapaz de averiguar donde está escondido, y eso a pesar de que las pistas que me proporcionó Horacio me parecieron más sencillas que en las anteriores ocasiones. Necesito imperiosamente encontrar el testamento antes de que se adjudique la herencia a Paquita, lo que ocurrirá a mediados del mes de marzo. Por eso he decidido pedir ayuda a BcnConnection ya que sé que entre sus seguidores hay personas muy inteligentes y con grandes dosis de ingenio y astucia, los cuales serán capaces de resolver las pistas que dejó Horacio. Estoy dispuesto a entregar una importante cantidad de dinero como recompensa a quien me ayude a encontrar el lugar donde está escondido el testamento. - volver - |